El Titanic y los violinistas

El famoso naufragio del transatlántico Titanic me lleva a reflexionar y encontrar similitudes en la crisis de salud actual, con la diferencia que es a nivel mundial y parece no tener fin: pandemia, crisis económica, luto, y cada mes es una catástrofe nueva que enluta al mundo entero.

Los meses de marzo, abril y parte de mayo, fueron días interminables, podía sentir desde mi espacio la desesperación y dolor por la que estábamos pasando, no pude dejar de cuestionarme cual era la mejor forma de estar con aquellas personas cercanas, puedo mencionar que hice lo imposible por dar una palabra de aliento, una guía o simplemente estar al otro lado de la linea escuchándolos.

Viene a mi mente una semana en particular, en la que no habían camas disponibles en los hospitales; claramente pude identificar el perfil de tres personas que estaban al borde de la muerte; la una con recursos económicos suficientes para conseguir cualquier clínica privada, la otra persona con seguro médico particular pero con recursos económicos insuficientes, sin la posibilidad de adquirir deudas futuras por gastos médicos en una clínica y la tercera personas con una economía medianamente equilibrada pero sin familiares cercanos que puedan acompañarla. La primera persona recibió atención médica en el auto, esto es colocar oxígeno, una vía, etc…, la segunda ingresó a un hospital después de suplicar por un espacio y la mantuvieron sentada en una silla casi todo el tiempo de la hospitalización, y la tercera persona tuvo la bendición de que puedan darle asistencia medica en su propia casa. Tres mundos con un mismo sentir: de cara frente a la muerte, con un sistema de salud colapsado seguramente por la falta de prevención o preparación para el gran monstruo llamado COVID-19.

Historias como estas se repiten a diario y no solo por la pandemia, dolor, desesperación, impotencia, confusión, culpas, arrepentimientos, así fue esa semana caótica la mas compleja de este tiempo de cuarentena, el gigantesco titanic se partía en dos y con ello muchas familias experimentaron el mas grande dolor. A Dios gracias estas tres personas pueden gozar de buena la salud actualmente… La pregunta que me hago es: ¿De que forma aportó la experiencia vivida a cada ser? ¿Podemos sacar lo positivo de lo negativo? ¿Estamos en la capacidad de ser resilientes? ¿Que tan responsable estoy siendo con mi salud?.

Hay algo en particular en estos difíciles momentos, los violinistas, dispuestos a dar todo lo mejor que saben hacer para soportar a aquellos que están sufriendo; médicos, enfermeros/as, terapeutas, fabricantes, taxistas, trabajadores/as sociales, psicólogos/as etc… un sin número de buenos violinistas que siguen apoyando de diferentes formas, incluso arriesgando sus propias vidas y que también fueron golpeados por este monstruo, sintieron el mismo dolor, angustia e impotencia, sin embargo su alto espíritu de servicio los mantiene frente a una lucha que quizá solo será recompensado con un gracias o con solo devolverle esperanza a aquel que se le acercó.

Pero también está una parte obscura tan terrible como la misma pandemia, la corrupción, y puedo identificarlos como esos pequeños botes que salieron del titanic con cierta gente que debía salvarse por ser considerada importante para la sociedad. Acá, en esta realidad llamada COVID-19, están todos aquellos que con sus acciones hicieron del dolor de la gente una oportunidad para lucrarse económicamente, y no me refiero solo a políticos sino también a aquellos que una recarga de oxígeno que comúnmente cuesta $100,00 en tiempos de crisis costaba $200,00; me refiero a aquellas personas que una libra de arroz la vendieron con sobreprecio, así como aquellas personas que recibieron la mejor ayuda de los violinistas y que su respuesta fue el más vil de los egoísmos, y de aquellos que despidieron a miles de trabajadores por una oportunista ley tuerta.

Esta crisis que seguimos viviendo, nos sigue mostrando el lado mas obscuro de nosotros mismos, o el lado mas puro. Ante toda esta titanica película real, puedo decir que me ha hecho comprender al ser humano desde sus carencias y sentir tristeza porque no saben como vivir con el dolor.

Creo firmemente que esta crisis debemos mirarla en positivo. Creo que debemos quitar el pie del acelerador y mirar hacia nuestro interior, buscar aquello que nos permite respirar, aquello que nos hace sentir un sentimiento negativo hacia la otra persona y atender. Creo que es tiempo de abrazarnos y amarnos, ponernos en primer lugar y luego salir y dar amor a cuanta gente lo necesite. Creo que esta de moda amarse, refugiarnos en la espiritualidad. Creo que debemos sumar y no restar.

Vivamos el presente como si fuera el último de nuestros días, con la esperanza de encontrarnos mañana y brindar con una taza de café.

Margot Jiménez Romero

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